topbella

viernes, 13 de agosto de 2010

I hate to wake you up to say goodbye...


Se despidió de todos y cada uno. Una frase especial y cómplice para ellos, y como no, una lágrima. Se iba buscando una nueva vida, nuevos vientos que tocaran su piel y otros labios que besar. Se iba para olvidar. Un poco de ropa, algo de dinero y muchas ganas de salir de allí, de sustituir tanto daño por algo de paz. Nunca le habían gustado las despedidas, son tan dolorosas y tan definitivas….Y más cuando son una huida.
Fue besando uno a uno a los que habían estado a su lado, y echó de menos a otros tantos que la habían abandonado por el camino. Sus padres, a los que dejaba con un profundo dolor, pero que sabían que volvería siendo una mujer. A sus amigos de verdad, los que eran parte de su alma, les dedicó una frase tonta, una lágrima de pena y una sonrisa de agradecimiento. Por último llegó él. La persona que le había robado por completo la cordura, el que la había llevado al cielo y al infierno en un mismo día, el que tantas veces la había rechazado aún sabiendo que ninguna mujer lo amaría tanto como lo hizo ella. Como lo hace ella. Aunque no lo reconociera, todos sabían que huía de él. Huía del rechazo y del dolor que provoca a veces el amor en exceso.

-“Cuando llegue la mujer que estás esperando, cuídala, hazla sentir especial…Haz que sepa que la amas de verdad. No te dejes llevar por los demás, sigue los gritos de tu interior. Y jamás la dejes escapar, no permitas que se aleje de ti, porque el amor sólo ocurre una vez en la vida, y si lo pierdes, pierdes la vida también. Sabrás que es ella cuando la veas partir y sientes que tu alma se va con ella. Cuando la mires a los ojos, y en ellos veas tu propia vida, tu propia verdad. Cuando eso ocurra, ve tras ella y grítale que la amas”

No le quedaba mejilla para que las lágrimas rodaran. Su cara era un mar salado en el que se reflejaban años de intentos frustrados de que la quisiera. Años de sonrisas y lágrimas en una cama.

-“Sabré que es ella cuando llegue el momento, eso ahora no importa. Sólo júrame que estarás bien, que estás bien ahora. Júrame que volverás, y me habrás olvidado para entonces”.

Prefirió no contestar, sencillamente porque el nudo de su garganta no se lo permitía. “Adiós a todos, volveré pronto”.

Se alejó hacia el avión que la alejaría de sus vidas, con la cabeza alta y la maleta cogida con firmeza, a pesar del temblor de sus manos, y giró la cabeza para lanzar al aire un último beso. Él se quedó allí parado, cuando todos habían marchado ya. Sintió que su alma también iba a tomar ese avión, que era su mano la que agarraba aquella maleta, y al ver su cara girar, vio toda su vida y su verdad en sus ojos negros. El nudo se apoderó también de su garganta, y la misma lágrima corrió ahora por su cara…. “Señor, era ELLA”....

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